CUENTO NOCTURNO PARA HIJOS DE PUBLICISTAS
Palabra de: Dios
Había una vez un pequeñín gordito y redondo como una calabaza, que gustaba jugar en las afueras de su casa. Era simpático pero era flojo. Cuando grande, se interesó por la publicidad y se metió a trabajar con la máxima humildad. Pero pequeñín era flojo. Un día tuvo una gran idea para seguir siendo flojo sin que nadie lo notara y así ganar reconocimiento entre sus pares.
«Voy a hacer como que pienso ideas pero en realidad no pienso nada» -Dijo mientras posaba sus gordas y cortas piernas en la mesa.
Él siempre se juntaba con los que realmente pensaban y asentaba con su cabeza las ideas de los demás. Se subía a recibir premios por las ideas de los demás, hasta se vanagloriaba con las ideas de los demás. Tanta fue su mentira que muchos publicistas creyeron que él era un gran creativo.
En ese tiempo, ya no era pequeñín ni gordito, sino grande y flaco. Se compró casas, autos, relojes, vinilos y muchas figurillas de películas. Pero lo que es peor, había olvidado lo que era la humildad.
Un día común y corriente le pusieron un brief adelante y no supo qué hacer. Transpiraba y transpiraba mientras pasaba las horas mirando la página en blanco. Pasaron días, incluso semanas y nada surgió de su regordete cerebro. Se puso tan nervioso que volvió a engordar. Pero su panza no estaba llena de comida, sino que estaba llena de las ideas que robó, de los creativos que abusó y de las mentiras que comentó.
Finalmente volvió a ser el pequeñín redondo como una calabaza, que gustaba jugar en las afueras de su casa.
Amén. A-mentir.